Muchos analistas políticos del país, mas allá de su oposicion o concordancia con el gobierno, tienden a comparar el fenómeno de los " indignados" españoles que desde el día 15 acampan en la puerta del sol, con los hechos acaecidos aquí, en los días luctuosos de diciembre del 2001.
Si bien todos están usando estas comparaciones para acarrear aguas para sus molinos, los medios opositores ocultando detrás de lo anecdótico las raíces sistematicas que dieron origen a la protesta; quienes se identifican con los postulados del gobierno subrayan a esta protesta como una muestra mas del fracaso neoliberal.
Sin lugar a dudas mi visión de estos hechos es mas cercana a estos últimos que a los primeros, pero siento necesario remarcar algunas particularidades del presente caso, que no solo lo diferencia de nuestra experiencia sino que también denota ser una particularidad enmarcada en realidades geopolíticas distintas y hasta en sistemas culturales y sociales diferentes.
Aun así, encuentro oportuno señalar una coincidencia no muy explicitada ni explorada, y que para mi entender es el desencanto manifiesto que ambas sociedades han expresado (tanto aquí como allá) por el sistema político; aquí sintetizado en el que se vayan todos y en España por una feroz critica al bipartidismo.
No es el fin de este articulo ahondar ni teorizar sobre la problematica de ambas partidocracias (la realidad estoy muy lejos del conocimiento de la partidocracia española) sino subrayar esta particularidad para referirme a un aspecto no resuelto de aquella crisis (la del 2001) que puede horadar el desarrollo de nuestra democracia.
Como el que se vayan todos era un hecho impracticable, lo que realmente sucedió es, por un lado, la atomizacion del espectro político en un sinnumero de micropartidos políticos y por el otro el vaciamiento participativo de los partidos tradicionales donde facciones internas se adueñaron de los mismos expulsando al resto empujándolos a la creación de los microspartidos a que hacíamos referencia a inicios del párrafo.
A fin de cuentas ni unos ni los otros pueden implementar otra función que la meramente electoral ( en algunos casos casi ni eso) cuando, como todos sabemos, el ideal del funcionamiento de los partidos políticos en una democracia excede en mucho ese único rol.
Ya a fines de 1997, vislumbrando la problematica del vaciamiento participativo del partido Justicialista en el que yo militaba, me atreví a presentar al Consejo del Partido Justicialista de la Pcia de Bs. As. un documento que titule "Avanzar para volver" donde proponía una serie de medidas en pos de la participacion interna y el cumplimiento de roles que siendo esenciales no eran realizados.
A tal fin recuerdo proponía la incompatibilidad entre cargos partidarios y electivos, la limitacion a dos periodos para ocupar un mismo cargo electivo o partidario, el rol del congreso partidario en la elaboración de la propuesta electoral previa a la elección de los candidatos que la llevarían adelante, etc. etc.
Si bien no soy tan necio como para creer que en ese modesto aporte representaba la solución ultima o única a la problematica planteada, nunca se hizo nada al respecto salvo mandarme un Email agradeciendo la presentación.
Luego de muchos años, cuando la experiencia me enseño que lo que yo veía en el PJ existía en todos y en cada uno de los demás partidos con matices propios de sus idiosincrasias y que como ya decíamos eclosiono en el 2001, este gobierno intenta con una ley, la de internas abiertas y simultaneas, modificar la realidad partidocratica.
Yo, como ya he expresado en alguna oportunidad en otras notas, soy critico de la misma, no porque no comparta el espíritu central de la misma que es fortalecer los partidos políticos, en los que algunos ven la defensa del bipartidismo histórico (PJ - UCR), sino porque no comparto la metodología de empujar a ello sin haber modificado el funcionamiento internos de los partidos políticos de manera de asegurar su apertura democrática, que vale la pena aclararlo no se agota en una mera practica de elecciones internas periódicas.
No entender ello es, en la practica, encontrarse con las listas colectoras o adherentes, que sin duda no enriquecen al sistema político ni a la democracia, pero son un canal participativo de quienes no son abarcados partidariamente.
Los críticos a esta practica sustentan su posición en la no participacion en las internas partidarias, pero omiten reconocer que en realidad las tan mentadas internas, al no existir debates de propuestas previas, se limitan a pujar entre personajes, o lo que es peor y mas común, se trata de una puja entre el poder económico al servicio de cada organizacion (linea interna) volcada a la capacidad de movilizacion